En época de rumores, primarias, sondeos, proyectos en vía muerta - impagable referencia a los patos cojos de A. Tórtola - y tableros políticos cambiantes, la siempre ardua labor de sugerir candidatos ideales se hace aún más difícil, pero asimismo más ineludible. Desde el propio partido, desde los enemigos (dentro) del propio partido, desde el periodismo: ya sea este neutral, antagónico, de obediencia - que, no se sorprendan, aún los hay - o de simple afinidad ideológica... y también desde la ciudadanía, con todas las variantes anteriores, incluidos blogueros engolados. Lo primero que te viene a la cabeza es que todas estas especies son (somos) enormemente interesadas. Descartemos de momento a la gente de estricta militancia política: los propios, porque ya tendrán - o no - sus mecanismos para influir y con su pan que se lo coman. Los ajenos, creo que he manifestado más de una vez que me parece de muy mal gusto que se inmiscuyan, salvo el bastante legítimo derecho...