TODO UN RETO
Acabo de ver la última sesión de control de les Corts. He sentido auténtica vergüenza. Para que se hagan una idea, he tenido que imaginar que era acérrimo partidario del PP para justificar lo que he visto y oido, y ni aún así.
Por fin ha ocurrido: tras meses flirteando con altos porcentajes, hoy Camps ha dedicado el 100% de sus (cortas) respuestas a insultar y descalificar no ya a la oposición sino a las personas que ejercen la función de portavoces. Así, como lo oyen: pregunta concreta, insulto; pregunta concreta, insulto; así hasta ocho veces. Perdón, siete: en un alarde de desconsideración ha ignorado explícitamente la última pregunta de Mónica Oltra y ha dedicado el tiempo de respuesta (lo ha remarcado subiendo al estrado, cosa que nunca hace) a hablarle a su grupo.
Por lo demás, bueno... cosas tan marcianas como preguntar a Luna si se ríe alguna vez o tan cobardes como dedicar (de pensamiento) a Morera un calificativo que "sólo se atrevería a decirle en la cafetería", extremo que ha reiterado tres veces a petición de Morera de que se lo dijera en la cámara.
Si lo que hemos visto hoy no es para que la prensa local lo denuncie contundentemente -es que es para que la propia prensa amiga lo hiciera trizas, no digamos la de signo contrario!- es que estamos en una pseudo-demoracia de chicha y nabo.
Con mucho, lo peor de la sesión de hoy -con una oposición más comedida de lo habitual- es la sensación de enajenación que da que el president no se dé cuenta del espectáculo tan ridículo que él solito se ha encargado de dar. Es de una inconsciencia escandalosa.
La prensa local tiene desde este momento el gran reto de demostrar que no comparte esa inconsciencia.
Ignorarlo no sería buen periodismo. Ni siquiera periodismo.